El Servicio como Agradecimiento
38 Entonces Jesús se levantó, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella. 39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía. Lucas 4:38-39
También he sido esa mujer. ¿Tú lo has sido?
La enfermedad ha decaído mi animo ¿El tuyo también?, ha nublado mi visión, paralizado mis manos y pies, ha postrado mis sueños y adormecido mis memorias. La enfermedad me ha estancado. Así es ella. Ella solo viene y va. Algunas veces solo de visita, otras con maleta y la intención de quedarse. Como sea, en su presencia todo es un caos. El mundo se viene abajo y me abruma, me irrito mas fácil, nada me sale como espero, discuto con el gato y con el perro; mejor, me quedo en cama. No soy yo, es ella.
Pero... si algo llega también puede irse.
Jesús es advertido y viene con premura, se inclina a mí y la censura. Le prohíbe la entrada. Sella la puerta con sangre, con su sangre, y me levanta. Me recuerda lo olvidado y enciende lo apagado. Jesús restaura mi identidad.
- ¡Gracias, Jesús!
¿Decir las gracias o dar las gracias?
Sabiendo que un hecho habla mas que mil palabras vuelvo a empezar de nuevo, mas no de cero. Ahora más fuerte, más valiente, más agradecida y dispuesta, por que el acto sublime del agradecimiento se consuma en el servicio.
Amen
ResponderEliminar